En las entrañas de un discurso mal articulado, ecos de un latín mestizo y un provenzal improvisado, emerge este mensaje de lamento como testigo de tiempos oscuros durante la Edad Media. Inspirado en las elegías y coplas medievales, este poema entrelaza la tragedia y la advertencia en la voz de un enfermero bienhechor. En un pueblo florentino, la Peste Negra ha desplegado sus pasos y envuelto con sus brazos mortales a muchos habitantes. Es el sanador quien, con palabras desgarradoras —y evocadoras al mismo tiempo— que intentan aproximarse a una lengua romance, llega para dar la alarma a la población que escucha aterrada. Los versos, como aves negras, revolotean en el aire, llevando consigo el eco de la muerte. Y quizás algo de esperanza.
Inspirado en el primer capítulo de Baudolino de Umberto Eco, en el que se narran hechos en un idioma inexistente desde la perspectiva de «un aldeano que a sus catorce años se ve arrojado al centro del mundo, que aprende a escribir en Alemania, pero intenta escribir en la lengua que sabe», este poema intenta reproducir una elegía mediante jitanjáforas que evocan un latín mal hablado. El enfermero espontáneo, desprovisto de una formación formal para su oficio y cuya voz es la que se plasma en la lírica presentada, convoca a los habitantes a resguardarse en sus hogares. De esta manera, la métrica y el ritmo, como suspiros inquietantes, tejen la trama de un discurso que primero alerta sobre el desafío de enfrentar la sombra de la Peste Negra y la urgencia de guarecerse, para luego susurrar la promesa de la vida, mientras la muerte pasa de largo.
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¡Aténdiare! ¡Aténdiare! ¿Audienciat agora, oh citádinem Floréntinum?
In silentio noctis, Pestis saltat, come ut rati, ut témible rati
Super umbrae, perículum pendet, ¿experiméntati iamnum?
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¿Quid fécimus calamit meréceamur? ¿Réspondet, belzebúthati?
Vias in lácrimis, mors procedit, ¿taptum fuit rodens in brachio et manu?
O Florentia, terra ferti agora sanguínata, non sanguinárati!
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Pestis, domina crúdelis, nos tenet captos, ¿est fat mortémanu?
Ventus gemit tristi comdénatae, qui sanguinae deprímumtur
¿Auditis rodentium? ¿Sentit progressus et pulgus at diabolémanu?
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Usque avis pajarae pérdidet cantum suum, ersu cantórumtur
párvulae ludunt sub via hórroris, ¿in vestig mortum rodentium?`
Pestis remov vitam et amorem, animasque, et alit siléntiumtur
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et siléntiumtur flórentio!
Agora, ¡Recédite, colonae! ¡Fúgite dólorum! ¡Fúgite!
In deserta plázata resonat, ¿auditis inter tantum péstetio?
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Lácrimae cáeli mixtae cum peccato, ¿sunt peccatóriute?
¿Sic curretis? Vos réfugium sanctum colonus sic erritande
Est speranze, cúrrendum et réfugium. ¡Sic peccatóriute!
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Agora áudite, ¡per deum!… Echo trágediae expandíturde,
In aere dubium, mors poscit, speranze vitae
¡Áudite! ¡Non expectare mortem dissipánturde!
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Refugiamini domi, clamor adem vitam,
Curreti securitat, unic providenciae.
¡Áudite postremus! Sic facere resisténtiatam.
¡Et quand durabit mors, e péredure vitae!

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